domingo, 18 de marzo de 2012

Descubren en el Perú 365 nuevas especies de vida animal y vegetal.

WCS Perú (la sección de Perú de la Wildlife Conservation Society, o Sociedad para la Conservación de la Fauna y Flora, WCS por sus siglas en inglés), ha anunciado recientemente el descubrimiento, en el Parque Nacional Bahuaja Sonene en el sudeste del Perú, de 365 especies que hasta ahora no habían sido documentadas científicamente. Este parque nacional forma parte de una región que está considerada como la de mayor biodiversidad de todo el planeta.

Quince investigadores participaron en la confección del inventario, centrándose en plantas, insectos, aves, mamíferos y reptiles. El descubrimiento abarca treinta especies de aves, dos de mamíferos (específicamente dos raros murciélagos), así como 233 especies de mariposas y polillas, todas ellas no documentadas científicamente hasta ahora.

Esta expedición fue especialmente importante porque era la primera vez que una investigación de tal escala se realizaba en el Parque Nacional Bahuaja Sonene desde que se creó en 1996.

El descubrimiento de aún más especies en este parque resalta la importancia de los trabajos de conservación en esta región, tal como subraya Julie Kunen, Directora de Programas de la WCS para América Latina y el Caribe. "Este parque es realmente una de las joyas de la corona de la impresionante red de áreas protegidas de América Latina". 







El Parque Nacional Bahuaja Sonene contiene más de 600 especies de aves, más de 180 especies de mamíferos, más de 50 de reptiles y anfibios, 180 variedades de peces y 1.300 tipos de mariposa.

Desde la década de 1990, la Wildlife Conservation Society ha estado trabajando en los parques Tambopata y Bahuaja Sonene en el Perú, y en los parques Madidi, Pilón Lajas y Apolobamba, en la vecina Bolivia. La región transfronteriza abarca cerca de 40.000 kilómetros cuadrados (unas 15.000 millas cuadradas) de los Andes tropicales, y se la considera la región con más biodiversidad de la Tierra.
Fuente: Noticiasdelaciencia.com

Hacia el desarrollo de aviones menos contaminantes y menos ruidosos.

Lograr aviones que consuman menos combustible, sean menos ruidosos y contaminen menos es el objetivo hacia el que está avanzando la NASA, en su vertiente de organismo aeronáutico.

La meta es desarrollar tecnología que pueda permitir a los aviones futuros consumir un 50 por ciento menos de combustible que los aviones que entraron en servicio en 1998 (los que han sido tomados como referencia para el estudio), que emitan un 50 por ciento menos de emisiones contaminantes peligrosas, y que amortigüen su ruido de tal modo que el tamaño de las áreas geográficas alrededor de aeropuertos afectadas por un nivel de ruido que pueda considerarse molesto se reduzca en un 83 por ciento.

"El desafío real es que queremos lograr todas estas cosas a la vez", admite Fay Collier, director del proyecto ERA (Environmentally Responsible Aviation) de la NASA. "Nunca antes ha sido logrado".

Para intentar conseguirlo, la NASA encargó estudios de diseño a tres importantes fabricantes de aviones, bajo contrato con el proyecto antes mencionado.

Equipos de las compañías Boeing, Lockheed Martin, y Northrop Grumman, han pasado el último año estudiando cómo lograr los objetivos de la NASA, y cada una ha presentado su propuesta. Las empresas acaban de presentar sus resultados a la NASA.

El concepto de vehículo avanzado de Boeing gira en torno al diseño del X-48 de la compañía, una aeronave a subescala operada por control remoto, que ha sido probada mediante túnel de viento en el Centro Langley de Investigación y que ya voló en el Centro Dryden de Investigación del Vuelo, ambos centros de la NASA. Una cosa que hace a este concepto diferente a los aviones actuales es la ubicación de sus motores Pratt & Whitney. Los motores están encima de la popa, flanqueados por dos alerones para proteger a la gente en tierra del ruido de los motores.




Lockheed Martin adoptó un enfoque completamente distinto. Sus ingenieros propusieron un diseño de ala de cajón. En este diseño, unas alas nacen en la parte delantera del avión, aproximadamente a media altura en su fuselaje, y se unen en sus extremos a las puntas de alas situadas en la popa, en la parte superior del avión, mediante estructuras en forma de "V" y de "U". La compañía ha estudiado el concepto de ala de cajón durante tres décadas, pero había estado aguardando a la creación de materiales compuestos ligeros, nuevas tecnologías para el tren de aterrizaje, y otros elementos que hicieran viable el concepto.

Northrop Grumman decidió adoptar un diseño de ala volante que nace de un concepto impulsado históricamente por el propio fundador de la empresa, Jack Northrop, y que recuerda a su avión B-2. Cuatro motores, suministrados por Rolls Royce, están encajonados en la superficie superior del ala, aerodinámicamente eficiente, de un modo que proporcionaría protección acústica.

Lo que los tres estudios han revelado es que los objetivos de la NASA de reducir el consumo de combustible, las emisiones contaminantes y el ruido, constituyen realmente un desafío. Los diseños preliminares de todas las compañías han logrado el objetivo de reducir las emisiones de óxidos de nitrógeno durante el aterrizaje y el despegue en un 50 por ciento respecto a los aviones actuales. Las tres propuestas, sin embargo, han tenido menos éxito respecto a los otros dos desafíos. Todos los diseños están muy cerca de una reducción del 50 por ciento en el consumo de combustible, pero sus capacidades de reducción de ruido varían.

Los directivos del proyecto ERA de la NASA creen que es factible alcanzar todos los objetivos si se consigue hacer pequeñas mejoras en la reducción del ruido y en el consumo de combustible, además de las previstas en los estudios de las empresas.
Fuente: Noticiasdelaciencia.com

martes, 6 de marzo de 2012

El fósil de un pingüino prehistórico gigante.

Se ha logrado completar la reconstrucción de un fósil gigante de pingüino, ofreciendo a los investigadores nueva información sobre la diversidad de los pingüinos prehistóricos. Los huesos fueron recogidos en 1977 por el doctor Ewan Fordyce, paleontólogo de la Universidad de Otago, en Nueva Zelanda. 

En 2009 y 2011, el doctor Dan Ksepka, de la Universidad Estatal de Carolina del Norte, y el doctor Paul Brinkman, viajaron a Nueva Zelanda para ayudar en la reconstrucción del fósil de pingüino; y ahora, han publicado sus hallazgos en el 'Journal of Vertebrate Paleontology'.

Los investigadores apodaron Kairuku al pingüino, una palabra maorí que se traduce como "buzo que regresa con comida". Ksepka se interesó en el fósil porque su forma corporal es diferente a la de todos los pingüinos conocidos, tanto vivos como extintos. Además, el investigador también estaba interesado en la diversidad de las especies de pingüinos que vivían en lo que hoy es Nueva Zelanda, durante el período Oligoceno, que tuvo lugar hace, aproximadamente, 25 millones de años.

Según Ksepka, "Nueva Zelanda fue un lugar ideal para los pingüinos en términos de alimentos y seguridad. La mayor parte de la isla estaba bajo el agua en ese momento, dejando masas rocosas aisladas que mantenían a los pingüinos a salvo de los depredadores, y les proporcionaban comida abundante". Kairuku fue una de las, al menos, cinco especies diferentes de pingüinos que vivieron en Nueva Zelanda durante el mismo período -esta diversidad de especies fue lo que hizo difícil la reconstrucción.

"Kairuku era un ave elegante para los estándares de los pingüinos, con un cuerpo delgado y aletas largas, pero patas cortas y gruesas", explica Ksepka. Los investigadores realizaron la reconstrucción a partir de dos fósiles de Kairuku, por separado, utilizando el esqueleto de un pingüino rey actual, como modelo. El resultado fue un pájaro alto, de pico y aletas alargados. Sin duda, la mayor de las cinco especies que eran comunes en la zona durante el Oligoceno.



Fuente: noticiasciencias.com

La unión de Asia y Norteamérica en el futuro supercontinente Amasia.

Investigadores estadounidenses han planteado una nueva teoría de desplazamiento de los continentes que ubica el centro de un futuro supercontinente, denominado Amasia, en un lugar cercano al Polo Norte. Según esta hipótesis, el océano Ártico y el mar Caribe desaparecerán, la separación entre América del Norte y del Sur dejará de existir y se unirán por su zona norte a Asia y Europa.

Un equipo de geólogos de la Universidad de Yale (EE UU) ha planteado una nueva hipótesis sobre hacia dónde se desplazarán los grandes bloques continentales y cuál será su distribución dentro de millones de años.

Los autores del trabajo han llamado a este proceso orthoversion y lo describen en el último número de la revista Nature. Según su teoría, el continente americano se desplazaría hacia el norte y provocaría que el actual océano Ártico y el mar Caribe desaparecieran.

Como explica el trabajo, después de que las aguas del Ártico y del Caribe dejen de existir, “estaríamos de camino hacia el próximo supercontinente", explica Ross Mitchell, investigador de la Universidad de Yale y autor principal del artículo. Además, América del Norte y del Sur, fundidas, terminarían por juntarse con Europa y Asia.

El experto reconoce a SINC que este tercer modelo “representa un término medio entre las otras dos teorías que ya existen (sobre la creación de un supercontinente) y que son completamente opuestas entre sí”.

En este modelo, tanto Asia como América del Norte, que estarían unidas por una nueva cordillera formada tras su colisión, podrían ocupar el centro del nuevo Amasia, ubicado en un punto cercano al Polo Norte actual.

“Todavía falta mucho para que ocurra tal acontecimiento”, afirma Mitchell, aunque estima que la unión de América con Eurasia ocurriría dentro de entre 50 y 200 millones de años.

Taylor M. Kilian, investigador de la misma universidad y segundo autor del estudio añade: "Este tipo de análisis nos ofrecen una forma de organizar los continentes, tanto en latitud y longitud, y permiten comprender mejor la dinámica del interior profundo de la Tierra".

“Los resultados son importantes para tener conocimientos más profundos sobre el funcionamiento interno de la Tierra y para una mejor comprensión de la geografía de su superficie cambiante”, concluye Mitchell.

Dos teorías previas

Según un modelo anterior denominado “de introversión”, dentro de 50 millones de años el mar Mediterráneo desaparecería, Europa y África colisionarían y Australia se uniría a Indonesia. Estos movimientos, sumados al desplazamiento de la Antártida hacia el norte y a la desaparición del hielo de Groenlandia, provocarían un aumento del nivel del mar cercano a los 90 metros, con las consiguientes inundaciones y cambios en el clima.

Si estos hechos ocurrieran, 200 millones de años después África se desplazaría hasta chocar con Norteamérica y envolvería Sudamérica convirtiendo al océano Pacífico en el más extenso al ocupar la mitad del planeta. La teoría denomina Pangea Última al supercontinente que se hubiera formado tras estos cambios.

La otra alternativa es la de extroversión, un modelo opuesto al anterior. En esta hipótesis todo el continente americano se desplazaría por el océano Pacífico y rotaría hasta envolver Siberia y unirse con Asia, dando como resultado Amasia.

A su vez, la Antártida migraría en dirección hacia el norte mientras que el este de África, separada del resto del continente, y Madagascar se moverían a lo largo del océano Índico hasta fusionarse con Asia. Esta teoría predice que las aguas del Pacífico se cerrarán por completo dentro de 350 millones de años.



Fuente: www.noticiasciencias.com